Paremonos un minuto a pensar: estamos a este lado del río.

Miré al bonsai, el bonsai me miró a mí. Tú tampoco me caes bien a mi, pero vamos a convivir.

Nos ha costado llegar y, en este punto, no es conveniente precipitarse al vacío.

Piensa, cerebro vegetal, piensa porqué estás en este lado del río.

Porque no era bueno conmigo.

¿No era bueno?

No lo era siempre.

Un año entero ha pasado por la ventana. La gente cambia, aún más a esta edad. Tal vez, ya no cometa los mismos errores. Todos hemos cambiado. Quizás ya no tenga ese efecto embriagador sobre mí.

Pero si nada ha cambiado, tendré que irme más lejos.

Tendré que esforzarme un poco más.